¡FELICIDADES ORDENADOR!
Emulando a Barrabás en la afamada novela de Isabel Allende La casa de los espíritus, el ordenador llegó a mi familia por vía marítima, al menos, en sus primeros trayectos en forma de componentes elaborados en el hoy cada vez menos lejano y extremo Oriente.
-¿Dónde le instalamos el equipo?, me preguntó presuroso el técnico al entrar en mi domicilio.
-Pase, le enseño el camino, le respondí raudo, haciendo al mismo tiempo de cicerone imposible en un piso de apenas 90 m2.
Eran las ocho de una tarde fría de primeros de enero de 2000. Hasta entonces me había mantenido muy reacio a incorporar uno de estos aparatos al ya amplio plantel electrónico que, por necesidad fingida o más bien por capricho inútil, integraba el inventario familiar. Temía que una máquina semejante invitase a mantenerme más alejado de los míos, adquiriese prácticas indeseables o, simplemente, generara mayor trabajo, sin contar la dedicación monetaria continua que requiere.
Tras hora y media de angustiosa espera ya estaba todo instalado. Ya solo ante la pantalla me sentía como cuando tienes delante a alguien desconocido y no se te ocurre qué decir ni sobre qué hablar. En realidad, no sabía por dónde empezar. Era el nuevo juguete caro de la casa. Quería saberlo todo y no conocía casi nada. Sin embargo, no era novato ante estas máquinas. En el trabajo, y esto sí que era necesidad imperiosa, trabajábamos con equipos informáticos, así que el lenguaje me era cercano. Pero tenerlo en casa, como uno más de la familia, era diferente. Pareciera tuviese un halo mágico, una modalidad en pequeño de puerta de las estrellas, cual ventana a través de la que se mirara al mundo de otra forma, casi con dominio, como quien atesora una presa tras cazarla, en ese sentido milenario de la posesión humana.
Pasados siete años desde aquella tarde, he de confesar que el pc ha cambiado muchas facetas de mi vida, e incluso de mi comportamiento, aunque esto último sea difícil de demostrar. Han sido muchas experiencias las vividas, algunas increíblemente ciertas para mí y reconozco que me ha abierto inquietudes culturales y de relación humana que considero muy enriquecedoras.
Al margen de mi experiencia, el pc es más viejo. De hecho sobrepasa con creces la mayoría de edad. Acaba de cumplir los 25 años de vida. Esta es la verdadera celebración. Además ya cuenta con un bagaje léxico amplio, digno de encomio. Así, el ordenador es masculino, pero también se le puede llamar computadora, que es femenino (en ámbitos latinoamericanos). Es conocido igualmente como pc (personal computer, su nombre original), equipo informático (en abstracto), a veces la parte sustituye al todo, como cuando le llamamos torre, o cpu (unidad de procesamiento central), etc. Más vulgarmente se le puede reconocer como cacharro, ordenata, quincalla, y en fin, de casi tantas maneras como pudiéramos recopilar.
Lo cierto es que ya forma parte de la vida de muchos de nosotros y lleva una carrera imparable. Se estima que son más de mil millones de ordenadores los que existen en el mundo. Dudo mucho que exista alguien que los haya contado con minuciosidad, pues cada segundo que pasa son miles los que engrosan la lista planetaria.
Es España por cada 100 habitantes hay aproximadamente 20 ordenadores. Esta cifra va creciendo. El problema, en mi opinión, es que el ordenador corra suerte paralela a la de los libros en España, es decir, se compran muchos pero se usan poco (apenas como máquina de escribir, para ver fotos, Internet, chateos y poco más). La bajada sensible de los precios de los ordenadores, la facilidad de acceder a ellos, una mayor cultura informática y el interés por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han hecho posible su masiva entrada tanto en empresas como en hogares. En muchos domicilios ya incluso existe más de uno, funcionando en red, recordando la evolución –más lenta, eso sí- de los televisores en nuestros hogares.
Pero ¿quién inventó esta máquina? Muchos, en la brillante sombra del éxito, se apuntan su autoría. En realidad, el padre y madre a la vez de la criatura es IBM, que presentaba en agosto de 1981 un modelo asimilable a lo que hoy llamamos pc y que encendía el semáforo verde a toda una revolución tecnológica sin precedentes en la historia de la Humanidad. Ese equipo ya usaba un sistema operativo arcaico elaborado por una empresa denominada Microsoft, encabezada por un tal Bill Gates, que por aquel entonces contaba con 25 años.
Las posibilidades que nos viene ofreciendo el ordenador en su evolución fulgurante son ilimitadas y, sin embargo, aun en ciernes. El mundo hoy día se paralizaría si los ordenadores (chicos o grandes) dejaran de funcionar al unísono. Nuestra dependencia de ellos es creciente y preocupante. Nuestros hijos nacen con un pc debajo del brazo. Nos dan lecciones permanentes de su uso y nuestro orgullo queda dañado cruelmente. En la medida en que seamos capaces de considerar al ordenador como un medio en todo momento y no un fin en si mismo, como una herramienta de trabajo, aprendizaje y sana diversión, estaremos en condiciones de aprovechar el resultado final de una era que comenzó hace algo más de un siglo y que me atrevería a denominar, sin excesivo riesgo a error, como la era de las Comunicaciones, con un futuro muy prometedor y apasionante.
Nota: todos los artículos que publico en la revista Añoranzas se pueden encontrar en mi blog http://www.espacioblog.com/ticyciencia
Córdoba, noviembre de 2006
Rafael A. Moreno
Email: rafaelmorenocastillo@gmail.com

Mi nombre es Rafael A. Moreno, soy economista y en mis ratos libres me dedico a investigar y a estar al día sobre las nuevas tecnologías y las Ciencias.
Vivo en Córdoba.
Espero incluir en este blog artículos que sean de interés, en un lenguaje sencillo y ameno.
También pretendo recoger los artículos que vaya publicando en la revista 'Añoranza', de la que soy colaborador.